domingo, 19 de enero de 2014

Mi vida en Brasil


Desde hace dos años escribo en un cuaderno mis sueños, mi cotidianidad y lo que tengo en el tintero mental. Sea lo que sea, sin preocuparme por la redacción, la coherencia o la calidad de las ideas. Aunque nunca he querido publicar ese "vaciado" en el blog, porque si lo hago siento que perdería la mística de escribir a mano sin complejos, hoy se me ocurrió compartir lo que plasmé esta mañana. Va tal cual está en el cuaderno salvo la disección de la parte de los sueños que nada aportan al título del post.

Viamão, enero 19 de 2014

Hoy cumple años mi hermana Sabi. No sé bien si nació en 1988 o 1989. Soy el único despierto a esta hora, son las 10 a.m. pasadas. Estoy sentado en la "López" (una mesa grande de madera que me recuerda la que nos regaló hace treinta años mi tío Jaime López), pero no en la cabecera como siempre, sino en una de las sillas dobles laterales. Alrededor hay moscas muertas, caen fritas luego de absorber extracto de raíz de Sinamomo, una cosa que echamos ayer mientras almorzábamos y que las mata de una. Paco, el gato mueco con la encía colgando, está por aquí cerca. Acabo de comer dos trozos de sandía y un banano. Hace un rato ladró un perro y desde las cinco de la mañana escucho caballos relinchar cada tanto. Desde ayer trajeron cuatro caballos a pastar en el potrero del lado, uno es un potrillo de cuatro días de nacido. Ayer descamé un pescado, una corvina, y las escamas volaron en todas las direcciones. Utilicé un cuchillo poderoso y grande, con filo por un lado y serrucho por el otro. Le corté las agallas y las aletas. Venía sin tripas. Hasta en el pelo me cayeron escamas y me tocó bañarme otra vez. Luego lo asamos en la churrasquera con cebolla y pimentón. Tomamos cerveza toda la tarde y después caipirinhas que prepararon las chicas. Mientras se ahumaba el pez comí pimentas de biquinho, maní y aceitunas.

De pronto vamos a Porto Alegre; según vi en la prensa hoy hay un preámbulo de la fiesta de Nuestra Señora de los Navegantes; sacan la virgen de la iglesia y no sé a dónde la llevan. La celebración es el 2 de febrero y voy a hacer una crónica, me gustaría ir hoy a ver de qué se trata esa antesala. Anoche, después del tercer baño, porque el calor ha estado muy duro, vi Djiango unchained, ya la había visto pero me la repetí. Hoy el cielo está despejado, no hay nubes ni se ven en el horizonte. Hasta las chicharras parecen adormecidas. Las plántulas de cannabis siguen creciendo, quiero pensar que son hembras. En una semana habrá que transplantarlas al huerto. Estoy bien de salud, ayer se me quería inflamar el colon pero fue falsa alarma, estoy tomando mucha agua y evito lo que me cae mal como las cáscaras esas del pimentón. Anoche volví a soñar muchas cosas, el volcán en erupción de sueños sigue activo. Nada que se levanta la gente, vamos a ver qué depara este domingo de sol. Ya llevo 24 días en Brasil, poco a poco voy avanzando con el portugués, muy lentamente diría yo. La parte laboral se empezó a activar, hay trabajo y tareas pendientes. Mi vínculo con Universo Centro me mantiene vivo. Ojalá nos acrediten para el Mundial, sino toca comprar boletas para ir a los partidos de Colombia. De todas maneras, veo historias en cada esquina, en cada rayo de sol que golpea el tendedero.

lunes, 13 de enero de 2014

Desde el tejado

Salí del bar El Guanábano con pasos seguros y actitud canchera. Al fondo había una chica de la que me despedí sonriente, haciendo una seña confusa con la mano. Agarré mi morral, que estaba encima de la barra, y me lo llevé al hombro en un movimiento improbable y preciso. Dejé el Parque del Periodista y caminé por la calle Girardot. Era de noche, las aceras estaban llenas de gente; transitaban carros, taxis, buses y motos.

Sobre la avenida La Playa, antes de llegar al semáforo, que estaba en verde, había una camioneta estacionada. Detrás venía una buseta de Calasanz, algo raro, porque esa ruta no pasa por La Playa. Venía muy despacio y se detuvo detrás de la camioneta. El semáforo cambió a rojo y cuando me dispuse a cruzar, alcancé a ver el espacio estrecho que había entre los dos vehículos. También vi a un señor que bajaba caminando por la mitad de la avenida. El tipo aceleró el paso, empezó a correr y con el impulso le dio una patada voladora a la espalda de la buseta, que se movió un poco hacia adelante.

El conductor, con la barriga desnuda, se bajó con su ayudante. Después de insultarse, el agresor y el chofer empezaron a forcejear. El chofer quiso enterrarle un destornillador en el pecho, pero el otro lo retuvo en el intento y forcejearon otros segundos. Yo me alejé, había muchos transeúntes viendo la pelea. De repente sonaron unos disparos. De un gran salto me trepé al tejado de una casa, junto a otras personas que escalaron en milésimas de segundo. Alcancé a ver, agazapado, por encima de las tejas, el momento en que el conductor le propinó, a menos de un metro, una seguidilla de balazos al otro tipo.

Yo estaba acostado en el tejado y las balas me zumbaban muy cerca de los oídos. Alguien me pasó por encima y se tiró al patio de la casa, había mucha gente y yo no pude tirarme por el tumulto ahí arriba. Miré la escena y el tipo estaba convulsionando. Le vi la mano ensangrentada, y como si tuviera binóculos, los dedos patenticos. Uno a uno pude contarlos: cinco hilos de sangre se unían en el metacarpo. Estaba agonizando, ya solo. En ese momento se oyó el rugido de varios motores. Me pegué a las tejas lo más que pude, conteniendo la respiración. Luego levanté la cabeza y miré de nuevo. Dos enfermeros salían de una ambulancia, a tropezones, con una camilla.

domingo, 10 de marzo de 2013

En medio del Pulso

Terminábamos de almorzar cuando de pronto tocaron la puerta. Casi nunca tocan la puerta del apartamento, que queda en el último piso de un edificio pequeño. "Debe ser algún vecino", dijo Gloria. Yo pensé que también podía ser algún visitante que en lugar de tocar en el 401 había tocado en el 402. A esa hora salían del radio las voces de Iván Mejía y Hernán Peláez en el Pulso del fútbol.

Gloria escuchó que la llamaron con una voz dulce y ahogada cuando iba a abrir la puerta. Resultó ser Sofía, la vecinita del frente, de 5 años. "Mi abuelita no me abre", dijo la niña, de uniforme colegial café a cuadros, medias blancas gruesas hasta la rodilla, zapatillas Verlón y morral a la espalda. La niña, que es tierna y amorosa, lucía asustada y contrariada. Su abuelita siempre está esperándola en las escalas cuando el transporte la trae del colegio.

La niña se quedó parada en el marco de la puerta, como cuando hay temblor, y Gloria fue a la puerta del frente y gritó: "doña Marta, doña Marta". Silencio. Nos miramos, Gloria hizo entrar a la niña y yo le bajé al radio. Sofi nunca se había enfrentado a algo así y no se explicaba. Simplemente dijo: "mi abuelita siempre me espera en las escalas". La niña estaba contenida y callada, tragaba saliva, nos miraba y miraba al piso, se cogía los dedos. Aún tenía los cachetes enrojecidos y el sudor en las patillas que provocan los recreos.

Yo me imaginaba a doña Marta tirada en el suelo infartada y no sé por qué, pero la mirada de la niña me decía que ella se estaba imaginando algo similar. Parecía a punto de llorar y le empecé a preguntar cosas del colegio. Gloria había ido donde las vecinas de los pisos de abajo a ver si sabían algo. La niña y yo hablábamos, pero algo por encima de la conversación -una sensación, una conexión- nos decía que había ocurrido una tragedia. En mi mente seguía apareciendo doña Marta tirada en el piso, tiesa, quizás con los ojos abiertos, al lado del comedor. Quién sabe en la mente de la niña cómo se configuraba todo.

Aunque le había hablado del colegio, Sofi se despachó con una historia familiar. Me contó que yo no sé quién había regañado a otra persona, al parecer a un primito. La niña se refería a las personas de esa historia como si yo las conociera y en un momento me di cuenta de que no le importaba lo que me estaba contando. Tenía la mente donde yo la tenía: en la ausencia inédita de la abuela al mediodía. Pensé en que ahora había que protegerla, acompañarla por la falta de su abuela, invitarla a jugar. En esas llegó Gloria y se aclaró todo: resulta que la mamá le había pedido el favor a la del primer piso que recibiera a la niña mientras la abuela llegaba de una vuelta de última hora.

Al parecer, la vecina del segundo le abrió la puerta del edificio a la niña y la criatura subió escurridiza sin que Daisy, la que quedó encargada, la viera. Sofi, sin inmutarse, sin sentimientos, dio media vuelta y empezó a bajar las escalas. Pidió quedarse donde la vecina del segundo, que tiene un niño un poco menor que ella. Allá almorzó mientras llegaba la abuela y nosotros terminamos de oír el Pulso.

lunes, 4 de marzo de 2013

El sonado caso 'Pececillo'

La semana pasada terminé contando de mi relación con Universo Centro pero hoy no tengo escapatoria. Se llegó el turno de escribir sobre mi primera vez en un cierre del periódico.

Todo ocurrió el 20 de febrero en el “antro de redacción”, como le dice la gente del periódico a la buhardilla del Guanábano. Para ir hasta este lugar, en el Parque del periodista, debo coger un bus en la avenida Guayabal, a la altura de Cristo Rey, barrio donde vivo. Después de quince minutos me bajo en la avenida Oriental y lo primero que veo son aguacates pequeños, de cáscara negra. La esquina está llena de ventas de frutas, pero en el punto donde el bus deja la gente antes de seguir centro arriba, hay dos carretillas de puros aguacates pequeños, o paltas. De ahí arranco a caminar. Como camino rápido me voy esquivando gente hasta que llego, unas veces por un lado y otras por otro, a la calle Maracaibo. Ahí mermo el paso para no llegar muy agitado. Así es siempre y así fue ese miércoles.

Entré al Guanábano como a las seis y media, hablamos un par de cosas sobre el sitio web y luego Ospina me pasó las pruebas de los dos primeros artículos, impresos en un papel grueso y brillante, ya diagramados. En una zona de la buhardilla, al frente de un jardín de matas con techo al aire libre, armamos un puesto de trabajo con una mesa naranjada y una lámpara. Días antes, Paca y Pascual le habían hecho corrección de forma y fondo a esos artículos, o sea que mi labor se concentró en pescar pequeños gazapos escondidos, una tilde, un espacio doble, una palabra cortada. Terminé esos dos textos breves y aproveché para salir a comer algo. Estaba temprano y aún no empezaba en forma el cierre.

Hace días tenía antojo de probar las hamburguesas de lentejas entonces me fui para el local que queda a unos metros del Eslabón Prendido. Me senté y me atendió una pelada enorme, con unas piernas y nalga inmensas, pero no gorda, sino grande en medidas. Bueno, probé la hamburguesa. El pan estaba al clima y mordí con confianza, pero como la “carne” ardía en llamas me quemé el paladar; al menos tenía a la mano un vaso con el jugo del día, una mixtura de frutas que no vale la pena mencionar.

Volví al Guanábano y al momentico, como a las siete y veinte, empezó la cosa, con el equipo en pleno. Alrededor de la mesa nos sentamos a corregir las pruebas. Paca agarró la mayoría de artículos (y más carnudos) mientras que Pascual terminaba de escribir un par de vainas y unas entradillas. Ahí estaba revisando otro par de textos, cuando llegó una pelada que habían invitado. Yo antes de verla la escuché y me imaginé a una mujer de sombrero, carriel y poncho. Hablaba exageradamente paisa. No recuerdo el nombre pero era joven, bonita, de pelo lacio y gafas. Luego hablé con ella, muy buena gente, me contó que escribió una tesis de maestría sobre las posibilidades narrativas de los viajeros, o algo así, entonces le hablé de Aventura Suramérica. La chica muy pila, se sintonizó con el ambiente e hizo aportes sabios en una que otra frase enredada.

Luego me senté con Gretel, la diseñadora, y temerosamente le dicté las correcciones que había hecho. Mientras todo esto tomábamos cerveza. Ospina era pendiente de cómo íbamos, se le notaba su rol de director: iba y venía, se paraba detrás de Gretel a ver cómo iba quedando, acosaba a Pascual, buscaba imágenes, en fin. Luego Paca se sentó con Gretel e hicieron la mayoría de ajustes. Ahí la corrección fuerte es de Paca y Pascual, yo simplemente puse ojo de águila para pescar errores que a veces parecen provocados por duendes cuando el periódico ya está en imprenta en Manizales. ¿Se iría algún errorcillo en esta edición 42? Ahí les queda la tarea.

Algo divertido del cierre es que, si bien el periódico está prácticamente decidido, puede pasar algo de última hora, un cambio, un reemplazo de artículo, una redacción de alguna entradilla. Este día, me dicen los compañeros, fue un cierre extraño. Normalmente acaban tipo 3 ó 4 de la madrugada, pero esta vez todo apuntaba a que a las 2 estaríamos acabando.

Pececillo intenta colarse
En medio del cierre llegó un correo con la nueva versión de uno de los artículos que ya estaba montado y corregido. Se decía que esta nueva versión estaba más corta y que, como era la segunda, podía estar mejor. Se dudó, pero se tomó la decisión de reemplazar el artículo, así que Paca se sentó a revisarlo en el computador. La idea era luego pasárselo a Gretel para que reemplazara. Ya casi todo estaba listo y hasta nos habíamos pasado de cerveza a vodka (¿o ginebra?). De repente, Paca empezó a leer en voz alta y con cierto tono burlón una parte toda rimbombante del nuevo texto, no recuerdo muy bien, pero ahí mismo todos nos empezamos a reír y a gritar que no, que dejáramos mejor la que estaba. Una de las palabras que leyó Paca fue “pececillo” y ahí fue donde más risas y negativas hubo. Finalmente, aunque se intentó colar, pececillo no pudo llegar a las letras de molde.

Nos tomamos otro trago mientras se enviaba el archivo con el periódico listo. Salimos a las 2:30 de la mañana más o menos. El bar había cerrado tipo una y cuarto. Como unos compañeros iban para el sur de la ciudad, me arrimaron a la casa y me ahorré el taxi. Al mediodía del jueves desperté como nuevo y listo, eso fue todo con mi primer cierre. Hasta la próxima.

En el puesto improvisado, antes de que llegara la plana completa.



***
La fiesta de lanzamiento fue a los dos días en el bar. Salieron muy bien el periódico y la fiesta.
Ya se pueden leer dos artículos de esta edición en: http://universocentro.com (Diez años de la librería Palinuro y Correos desde Agfanistán).
También los invito a que visiten la página con frecuencia, tendremos contenidos exclusivos que no saldrán en el impreso. En este momento hay:
Video entrevista a Stephen Ferry, Violentología.
Una colección de papelillos que encuentran los libreros de Palinuro entre las hojas de los libros (recomendado).
Reportaje gráfico sobre el levantamiento de un cadáver.
Relanzamiento de la campaña 'Me robaron y punto'.
En esto de los contenidos web estoy metiendo mano con Alfonso Buitrago y Laura, la practicante, con apoyo del equipo UC y los amigos de Cohete.net
 
Portada UC 42

lunes, 25 de febrero de 2013

Universo Centro y yo

Mi historia con Universo Centro empezó en el 2009. Recuerdo que el periódico había salido del aire por amenazas y para el relanzamiento, como a finales de ese año, buscaron a Agencia Pinocho para incluir una columna. Así fue durante un tiempo hasta que por motivos ajenos a mi voluntad dejamos de publicar la columna y las noticias de APin no se volvieron a leer en UC. La última colaboración fue en febrero de 2011 y nos dio pesar, pero bueno, al menos quedaba el contacto.

No volví a hablar con ellos hasta julio de ese año. Estaba en Argentina después del viaje por Suramérica y justo nos había tocado vivir a Gloria y a mí el descenso de River Plate a la B. Escribimos una crónica a dos manos y a Pascual Gaviria, editor de UC, le gustó. Ese fue el primer artículo que salió con mi firma, al lado de la Gloria, por supuesto. (Ver River a la B)

A los dos meses escribí una historia y la volví a mandar, fue el segundo artículo, en octubre de 2011: La primera vez que me dijeron güevón (ver). Para el 2012 seguí colaborando. En febrero estuve en Venezuela, apenas regresé escribí la experiencia de viaje y se publicó Venezuela roja rojita, que le gustó mucho a los "jefes". Con UC fue como amor a primera vista y cada vez que se acercaba un cierre, yo miraba a ver qué historias tenía en el tintero. Fue así como publiqué Memorias de un vuelo, Mercando por Suramérica (escrito con la reportería del viaje) y un fragmento de Aventura Suramérica, justamente el paso caluroso y asqueroso por Piura (ver).

Con Juan Ospina, el director del periódico, había trabajado a mitad de año en la Parada Juvenil, pero fue en noviembre que me invitó a hacer parte del comité editorial del periódico. Desde eso estoy yendo a las reuniones y aportando lo que puedo, pero sobre todo aprendiéndole a esa gente, que ya lleva mucho rato dando lidia: a los ya mencionados, sumo al cronista Alfonso Buitrago, con quien he trabajado la parte de contenidos web. También están Fernando Mora, Memo Cardona, Ana Cárdenas y mi amiga cronista @Pacaletosa, que también es muy buena editora y correctora de estilo.

Esta invitación a hacer parte de UC me ha acercado al trago, pues la sede es en la buhardilla del bar El Guanábano, en el parque del periodista, centro de Medellín. Allí son todas las reuniones y el ambiente se presta para tomar cerveza o lo que sea. Hay que esforzarse para no salir borracho. Otra cosa buena es el humor, los chistes o historias que surgen en las reuniones. Ahí estoy pues, en modo "esponja" le dije a alguien en estos días, absorbiendo y aprendiendo de todo el proceso que lleva tener el periódico listo.

La primera edición de 2013, la 42, ya está circulando. De verdad que es muy emocionante ver los artículos impresos e ilustrados después de que se habló de ellos en el comité. Para este número propuse un artículo llamado "Correos desde Afganistán", en el que mi trabajo fue seleccionar y editar los mensajes que un piloto colombiano envió a su familia desde tierra talibán. Ver el UC publicado, conocer el proceso de edición, haber visto a Paca corregir, a Gretel diseñar, a Sandra y a Laura (asistente y practicante) correr de aquí para allá, a Pascual y a Ospina tomar decisiones, todo esto me ha generado un sentido de pertenencia fuerte. Me siento como en casa.

Yo quería escribir en realidad sobre el cierre del periódico, que fue la semana pasada, pero veo que ya será tema de la próxima entrada. Paso entonces a cambiarle el título a este post (se iba a llamar "Mi primer cierre"). Aprovecho para decir que mi intención es publicar más en este espacio, más tranquilo, sin que me importen los errores de cualquier tipo. Lo que quiero aquí es expresarme, contar lo que me pasa, las vainas que, por ahora, no tienen cabida en UC, ni en Agencia Pinocho, ni en el blog de Crealetras. Así que aquí estoy, dándole vida a este mamarracho de blog. Escribo de corrido, sin prevenciones, sólo al final daré un par de miradas para que no se vayan muchos errores. La idea es esa, expresarme con más desgualete y más seguido. Gracias por leer.