Gloria pasaba los días metida en un disfraz de payaso, vendando ojos de niños que jugaban a ponerle la cola al burro. También se desgastaba haciéndolos reír y a veces, cuando no resultaba muy graciosa, se daba fuertes golpes para provocar las carcajadas. En ocasiones era víctima de la maldad infantil y mientras servía una porción de helado o cargaba un bebé, podía recibir un puntapié en el orto, que la dejaba sin fuerzas para trabajar, luego de sentir, claro, un dolor infinitamente ardoroso. Se hacía llamar “Camilín” y tenía una voz chillona que variaba de manera inconciente en cada piñata.
En las noches, Gloria se llamaba Marcela y trabajaba en un bar frecuentado -sobretodo- por hombres. La canción de Marcela era “Eclipse de amor de Air Supply". Cuando sonaba, era momento de quitarse las tanguitas y desnuda completamente hacía unas cuantas piruetas en el tubo. Luego aparecíamos los clientes y con la voz ya rasgada por culpa de “Camilín” y el mismo trasnocho, rones vivos y cigarros, hablaba de precios y negocios. “Los taxis son aparte” era la última frase que pronunciaba antes de salir del bar.
Un par de meses fueron suficientes para que Gloria sintiera el trajín y se enfermó. Ya éramos amigos y al ver sus ojos rojos de cansancio, trataba de ayudarle:
-En el bar ganás suficiente, dejá la payasería.
-Jamás.
-Entonces dedicate a las piñatas y punto.
-Eso no me da para vivir.
Desde los 11 años Gloria ama los payasos y se siente del gremio. En una noche de tragos me confesó que en la piñata 8 de su hermano menor, un payaso la cargó en las piernas mientras trataba de armar un cubo de colores. Y aunque era experta en este juego de destreza mental y movía las manos con gran agilidad, ese día miró el cubo ensimismada y casi sin mover las manos, siempre en los muslos del payaso.
Le conseguí a Gloria algunas citas médicas. Todos coincidían en que el trajín y la falta de descanso podían ser graves. Además, el poco tiempo que tenía para descansar lo ocupaba pensando en el dilema. Le aconsejábamos decidirse por una de sus dos pasiones y, por la amistad, a mi ya no me importaba si dejaba el bar. Me preocupaba en realidad su salud y la empecé a cuidar un poco, pero seguía enferma y desgastada. Aún así, nunca dejó de trabajar, ni en los días, ni en las noches.
Pero los médicos dieron su ultimátum, y recuerdo que cuando Gloria entendió por fin que se tenía que decidir, sí o sí, por una de sus dos pasiones, se dejó caer semidesnuda en mi sillón de mimbre, y con goticas de lágrimas que no bajaban más por sus mejillas, murmuró resignada y entregada al dolor: "ay, mi vida es un vaivén" mientras giraba el tambor de un revólver de fulminantes.
5 comentarios:
eso!! pero: eclipse total del amor, que así se llama, no es de air supply es de bonny tyler.
Jejeje, gracias Maggie, qué risa vos por acá leyendo estas güevonadas... un abrazo!
home, si no nos leemos entre nosotros, entonces, ¿quien? jejeje.
Oye este tambien esta bien bueno.
Maggie: pues sí... gracias por sacar el rato. Siempre que aparecés o me acuerdo de vos, es inevitable que se me dibujen en la mente tus carcajadas (con sonido y todo). Y estoy hablando de esas épocas lejanas cuando estudiábamos histoire.
Campanula, vea pues, bacano que éste te gustó... Gracias por la visita!
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