domingo, 10 de marzo de 2013

En medio del Pulso

Terminábamos de almorzar cuando de pronto tocaron la puerta. Casi nunca tocan la puerta del apartamento, que queda en el último piso de un edificio pequeño. "Debe ser algún vecino", dijo Gloria. Yo pensé que también podía ser algún visitante que en lugar de tocar en el 401 había tocado en el 402. A esa hora salían del radio las voces de Iván Mejía y Hernán Peláez en el Pulso del fútbol.

Gloria escuchó que la llamaron con una voz dulce y ahogada cuando iba a abrir la puerta. Resultó ser Sofía, la vecinita del frente, de 5 años. "Mi abuelita no me abre", dijo la niña, de uniforme colegial café a cuadros, medias blancas gruesas hasta la rodilla, zapatillas Verlón y morral a la espalda. La niña, que es tierna y amorosa, lucía asustada y contrariada. Su abuelita siempre está esperándola en las escalas cuando el transporte la trae del colegio.

La niña se quedó parada en el marco de la puerta, como cuando hay temblor, y Gloria fue a la puerta del frente y gritó: "doña Marta, doña Marta". Silencio. Nos miramos, Gloria hizo entrar a la niña y yo le bajé al radio. Sofi nunca se había enfrentado a algo así y no se explicaba. Simplemente dijo: "mi abuelita siempre me espera en las escalas". La niña estaba contenida y callada, tragaba saliva, nos miraba y miraba al piso, se cogía los dedos. Aún tenía los cachetes enrojecidos y el sudor en las patillas que provocan los recreos.

Yo me imaginaba a doña Marta tirada en el suelo infartada y no sé por qué, pero la mirada de la niña me decía que ella se estaba imaginando algo similar. Parecía a punto de llorar y le empecé a preguntar cosas del colegio. Gloria había ido donde las vecinas de los pisos de abajo a ver si sabían algo. La niña y yo hablábamos, pero algo por encima de la conversación -una sensación, una conexión- nos decía que había ocurrido una tragedia. En mi mente seguía apareciendo doña Marta tirada en el piso, tiesa, quizás con los ojos abiertos, al lado del comedor. Quién sabe en la mente de la niña cómo se configuraba todo.

Aunque le había hablado del colegio, Sofi se despachó con una historia familiar. Me contó que yo no sé quién había regañado a otra persona, al parecer a un primito. La niña se refería a las personas de esa historia como si yo las conociera y en un momento me di cuenta de que no le importaba lo que me estaba contando. Tenía la mente donde yo la tenía: en la ausencia inédita de la abuela al mediodía. Pensé en que ahora había que protegerla, acompañarla por la falta de su abuela, invitarla a jugar. En esas llegó Gloria y se aclaró todo: resulta que la mamá le había pedido el favor a la del primer piso que recibiera a la niña mientras la abuela llegaba de una vuelta de última hora.

Al parecer, la vecina del segundo le abrió la puerta del edificio a la niña y la criatura subió escurridiza sin que Daisy, la que quedó encargada, la viera. Sofi, sin inmutarse, sin sentimientos, dio media vuelta y empezó a bajar las escalas. Pidió quedarse donde la vecina del segundo, que tiene un niño un poco menor que ella. Allá almorzó mientras llegaba la abuela y nosotros terminamos de oír el Pulso.

7 comentarios:

Ángela Cuartas dijo...

Muy bacana esta entrada. Y me recordó este cuento que me gustó mucho:

http://www.elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=1227&pag=1&size=n

David E. Guzmán dijo...

Hola Ángela, qué bueno verte por acá, gracias por el enlace, ya tengo el cuento entre mis lecturas pendientes. Abraço!

Cristian dijo...

Es lindo poder disfrutar entre todos de compartir diversas cosas. Cada uno brinda lo suyo y de esta manera se hace una gran comunidad. Yo suelo quedarme en mi apartamento buenos aires disfrutando de leer muy buenas cosas que obtengo a través de los blogs

rescate de informacion dijo...

interesante post

posicionamiento sem dijo...

muy bueno tu blog.

absorbente hidrocarburos dijo...

interesante post. Saludos desde chile.

joyas por catalogo dijo...

que buen blog.